martes, 4 de mayo de 2010

El Homenaje anónimo

Hace mucho tiempo que este lugar está como un solar...pero ayer encontré un cuento que alguien me dedicó una vez en un foro público, fue uno de mis chicos de Tajamar pocos días después de que me despidieran de mi puesto de entrenador una vez que conseguimos el ascenso a Nacional. Jamás quise preguntar quien se tomó la molestia de dedicarmelo mientras lo publicaba en el foro de TODOBASKET...recuerdo aquellos días en los que se me juntaba la decepción del despido en Tajamar con la separación conyugal (Junio del 2008)...fueron días duros, este cuento con el que alguien me homenajeó en público (citando mi nombre) me sacó unas lagrimillas importantes en aquel momento, ahí va la historia, una historia que ahora que estoy en el mejor momento como entrenador y he rehecho mi vida cobra sentido,y además ahora que estamos a 4 partidos de ascender en Getafe a Nacional y volver a quedar en el mismo estado que entonces...Siempre supe que fue uno de mis niños porque yo a ellos siempre les regalaba cuentos en ciertas situaciones...maldito cabrón quien lo publicara, lo vuelvo a leer, recuerdo el momento y se me vuelven a saltar las lágrimas, unas lágrimas que sólo yo puedo entender...y me gusta que así sea.

"Extraño mucho esa pelota naranja, las tardes de entrenamiento, los fines de semana de campeonato, el ruido de la zapatillas con el parquet, los viajes en el micro hacia algún club de barrio lejano, a mi viejo y a mi abuelo regañándome cuando perdía la pelota. De eso ya pasó mucho tiempo. Ir al club era mi vida. Aprendí a caminar ahí, todos mis amigos son de ahí; por suerte, seguimos compartiendo la amistad con muchos de ellos, con los que nos encontramos en un bar de Devoto los sábados. YPF se llamaba el club. Ya dejó de existir, y con su cierre fue como si nos "cortaran las piernas", como a Maradona en el Mundial de 1994.

Teníamos un buen equipo, siempre luchábamos en los puestos de arriba, y hasta un año nos dimos el lujo de salir campeones. Es más, tengo la red del aro en mi casa. Claro que salimos campeones de la División C de infantiles de Capital Federal. Pero para nosotros era lo máximo, éramos Jordan, Pippen, Paxon, Grant. En realidad había muchos Jordan. Lo curioso era que el club no tenía cancha de básquet cubierta; por eso teníamos que alquilar una en otro club para jugar de locales. Entonces, nunca fuimos locales, aunque siempre venían nuestras madres a vernos y alguna que otra niña.

Nos conocíamos desde los 8 años, con algunos por más tiempo, y pasamos juntos por todas las categorías. Compartimos viajes, asados, la pileta en el verano, cumpleaños y fiestas, hasta en los carnavales del club nos divertíamos. No importaba que al otro día teníamos que jugar; eso sí, nunca faltábamos a un partido. Es más, a veces ni dormíamos, y llegamos a la conclusión de que con unas copas de cerveza jugábamos mejor.

Hoy todo eso sigue en parte. Las salidas a Devoto, los cumpleaños, las fiestas, los encuentros. Sólo falta algo fundamental: la pelota naranja, esa que nos juntó hace 16 años y que tantos momentos lindos nos hizo pasar. Esa endiablada pelota que nos regaló una linda amistad, una amistad que perdura. Algún día volveremos a las canchas."

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