No ha sido una semana fácil para mí. Las emociones han sido unas cuantas, y hay que tomar decisiones. A veces actos simbólicos como algo que hice ayer pueden ayudar, es cierto que no es la única solución…pero por algo hay que empezar, es un reto despegarnos de lo que nos hace daño cuando nos hemos rendido a aceptar ese daño como parte de nuestras vidas; al fin y al cabo vinimos al mundo sin ataduras emocionales, es costumbre vivir con ellas y es un trabajo profundo y personal aprender a vivir sin ellas.
No se puede vivir encadenado a historias que no son, que fueron en su día pero que ya no existen…eso es algo dañino, eso es esclavitud emocional, no reconocerlo es de necios. La vida es evolución, aprendizaje, experiencias que alimentan el viaje, pero que no pueden pesar en la mochila. Hay que saber leer el partido (deformación profesional, lo siento) y cuando hay una inundación porque te has dejado un grifo abierto, no sirve de nada secar el agua del suelo, porque el agua seguirá cayendo, sólo hay una solución posible…”cerrar el grifo”; con ello no conseguimos que la mierda que haya esparcida se vaya, pero sólo a partir de ese momento podremos ver resultados en la limpieza que hagamos. Así debe funcionar la cabeza, el alma, y que sé yo si también el corazón, aunque éste vaya a su puta bola…pero debería.
Ahora mismo estaba reflexionando sobre algo que me dijo Eloísa el otro día, ningún acto pasional puede hacer alcanzar el olvido, y pienso que es cierto, me siento mucho mejor desechando el odio al que me había visto forzado por mi mismo en esta semana, lo primero porque no lo siento arraigado dentro de mí, lo segundo porque en el fondo hay cosas que te dan pena, pero cuidado, la pena en mi caso puede también llegar a ser pasional y traicionera, y eso es algo que me ha ocurrido en estos últimos 8 meses y no debe ocurrir más, sé que debo desecharla de igual forma, y fíjate por donde, esa pena empieza a transformarse en indiferencia, y pienso que ese quizás sea el camino, porque la indiferencia no es pasional, no tiene emoción por su propia naturaleza, y puede ser una buena anfitriona para el olvido. Quizás ir en esta línea pueda ser lo correcto, desde luego no hay odio, eso sería engañarme a mí mismo y traicionar mis propios valores. Y la pena empieza a diluirse…
La vida sigue, ayer recordé hace exactamente 16 años cuando me ocurrió lo de Cristina en Logroño, es cierto que fue algo más fácil que esta vez, porque ahora he amado mucho más, pero joder que mal lo pasé aquel año 94, y el tiempo curó las heridas, ahora no me quedan más que vagos recuerdos de aquello, eso sí, aceptando que aquél fue un gran amor. Recuerdo que en aquella época no veía nada, estaba ciego con 20 años y pensaba que todo era una mierda. Ahora son 35 años a punto de 36, y en ciertos momentos pensé lo mismo, pero me debo agarrar a una certeza que en su momento me ayudó, la de entender que el tiempo lo cura todo, al menos en ciertas cuestiones es así. Ojalá haya comenzado mi recomposición definitiva…lo necesito, y lo necesitan muchas personas a las que les importo de verdad y que me lo han demostrado, cada uno a su manera. Va por ustedes.
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