jueves, 18 de febrero de 2010

Aquellos chicos de barrio...

A veces, pocas, hay vínculos que unen a la gente más allá del tiempo. Las historias de lealtad y compromiso suelen conmoverme porque en el mundo que vivimos es uno de los valores más traicionados. La historia de estos chicos es uno de esos casos de lealtad a una palabra, a unos ideales o a un romanticismo ya perdido. Pero empezaré por ubicarme en el contexto de aquellos días del año 2005…

Les conocí hace 5 años cuando en mi cabeza comenzaba a rondar la idea de ir buscando chicos de equipos humildes de Madrid para intentar hacer un equipo campeón. Echando la vista atrás a esa primavera del 2005 recuerdo muchos encuentros curiosos con los que luego serían mis nenes Campeones de Madrid sub 21, ese primer encuentro en muchos casos no se puede olvidar. A Vicente le conocí en Villaverde en el corazón de un barrio chungo, sentado en unas pistas de basket al lado de 2 negros con cara de mala ostia, cuando le propuse la idea que me rondaba en la cabeza su respuesta fue genuina…”Eh brother, soy tu hombre , dame esa mano y cuenta conmigo”. Finalmente Vicen terminó siendo titular, derrochando el mayor corazón que haya visto en una pista de basket en 25 años de patearme campos. Era mi vaso medio lleno cuando yo lo veía medio vacío…el que ahora le dice “gracias brother” soy yo.

A Pablo Quintana y Victor Campo ya les había visto jugar unas cuantas veces. Pablo era elegante y muy maduro para su edad, el tiempo me mostró su capacidad de análisis, un chico que conoce el basket como pocos, será, si él quiere, un entrenador espectacular. Victor era junto a David uno de los jugadores que sirvieron para animar y guiar al resto, un referente. Tenía casta y coraje, un poco despistado pero por momentos astuto, físicamente un privilegiado y un gran anotador. Si mi hija tuviera un novio algún día me gustaría que fuera como Victor… o Vicen xD.

Aparecieron Pablete y Julio, como Zipi y Zape, uno de aquellos sábados en los que venía cantidad de gente a Tajamar para probar. La primera vez que ves jugar a Julio se te cae la baba puesto que el cabrón tiene un talento natural para esto, técnicamente impecable, más chulo que un 8, más raro que un perro verde, pero un chico encantador, por momentos vulnerable hasta conmoverte, un cabrón y un encanto…un genio incomprendido. Pablete una vez pasado el tiempo me tocó la fibra sensible en una conversación de msn valorando lo mucho que le había gustado el haber sido mi jugador, con lo mucho que le puteé, a veces la gente es agradecida porque su corazón no puede mostrarse de otra forma, por mucho que les puteen, hay gente que no tiene maldad, Pablo es así y así seguirá siendo…un chico con una afición como pocos y aunque él no lo crea, un jugón.

Dani es uno de esos casos excepcionales en aquel año. Venía de jugar en el Cadete de Fuenlabrada, le habían descartado allí y apareció por Tajamar aun desconozco como…Tenía 3 años menos que casi todos, pero con él no dudé ni un instante, le ofrecí jugar con los mayores tras verle utilizar su mano izquierda 3 minutos, técnicamente el mejor jugador con Julio de aquél equipo.

A Juancar pasado el tiempo a parte de generarme cargo de conciencia lo que ocurrió en el último partido de liga, pienso que fue fundamental, por la forma de relacionarse con todos sus compañeros, su carácter hacía que a todo el mundo le cayera bien, era uno de los líderes de aquel vestuario pero él probablemente nunca lo supo, hoy aquí lo digo yo, probablemente sin él no hubiéramos sido “aquél equipo campeón”. Una vez más, siento lo miserable que fuí aquel último partido, mi conciencia no queda tranquila y esa es mi condena, no vi el momento de sacarte y seguro que hubo mil, no te lo mereciste y probablemente yo tampoco me mereciera un jugador tan honesto como tú…y que además…hacía “Magia”.

Goio, qué decir de él…bruto como pocos, más duro que una roca…y más bueno que el pan, era como un niño metido en un cuerpo de un levantador de pesas, siempre amigo de todos, conectábamos genial por su bondad, como Pablete una persona incapaz de hacer daño a nadie. Como me encabronaba cada vez que se lesionaba jugando al fútbol de estrangis…él solo hacía deporte al 100%, fuera el que fuera, si no, no lo hacía…

José llegó a mitad de temporada, pero sus 205 cm no pasaron desapercibidos para nadie, hizo 3 o 4 mates en fase final que daban al equipo pose de “equipazo”, nos ayudó muchísimo.

Pulido siendo de primer año hizo un temporadón, le fiché cuando estaba a punto de dejar el basket, ahora anda por Talavera medio dedicándose al baloncesto, su progresión fue tremenda.

Nacho Trevijano, el mayor de todos en edad, el capitán, un bohemio y un romántico, fue el más implicado del mundo y fue el único que no se pasó a recoger su trofeo de campeón, a él eso le daba igual como me confirmó más tarde, incluso le aplaudí la decisión, no le importaba un bledo, él tenía un cometido, ser el capitán de todos, que el barco llegara a puerto era su responsabilidad, el barco llegó y él…desapareció, como esos viejos marinos para los que es más importante el viaje que el destino. Vaya clase que tenía Nacho, un tío que escuchaba a Miles Davis con 20 años es la mejor forma de definirle, un gentleman. Mi capitán!

Y finalmente Otero. David es una persona difícil de definir, un tío que con 21 años es capaz de decir NO a Estudiantes en 2 ocasiones debe ser porque se mueve por parámetros distintos al resto del mundo. Pero él es así, por eso me alegra muchísimo que conmigo jugara su último partido federado hace 2 años…y que vuelva a jugar el primero nuevamente junto a mí. Todos saben que él no era el mejor en cuanto a nivel técnico, pero estarán de acuerdo que nadie ha competido con más energía que él en una pista, era la gasolina del equipo desde sus 200 cm, el líder en pista, ese lider de aquel equipo de chicos humildes y de barrio, irrepetible, que marcó mi vida como entrenador y como persona, que me ayudó a observar a las personas de otra forma, mirando dentro de ellas, porque ellos se mostraron así, naturales y humanos, cada uno con su carácter pero con un objetivo común, nacieron para ser campeones…y lo fueron.

Algunos de ellos ya no juegan, otros lo hacen sin mucha exigencia porque aman el juego, de otros nunca más volví a saber, algún otro juega en Nacional a un buen nivel, y a muchos de ellos les ví el pasado verano en una cena inolvidable por los viejos tiempos. Lo que hoy soy como persona y como entrenador se lo debo en gran medida a todos ellos, la vida nos ha dado a todos un par de vueltas (en mi caso alguna mareante), y si alguna vez me acerco a lo que en aquel año fuí también será por ellos, por el estímulo que me proporciona recordar lo que se puede conseguir viviendo las cosas de forma pasional e intensa. A algunos os vi llorar por dentro y a otros por fuera aquella tarde en Estudio cuando se nos escapaba el sueño, después del frío que habíamos pasado entrenando bajo 0 tantas noches en aquella pista donde nadie os pudo ganar ni un solo partido; 15 días más tarde la vida y un resultado sorprendente de Estudio ganando a Casvi os devolvió lo que os había robado a traición e injustamente y...conseguisteis ganar la liga. No son los mejores jugadores que he entrenado pero eso es lo de menos, no me importa ni a mí ni a ellos, y eso es lo que les da más mérito.

Aquel equipo lo hicisteis vosotros, yo sólo tuve la suerte y el acierto en no equivocarme con ninguno cuando os elegí.

Este es mi pequeño homenaje a todos 5 años después. Como os dije en su día…”Gracias por los recuerdos” y si tenéis cojones…nos vemos en las canchas ;-)

No hay comentarios:

Publicar un comentario